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Viernes, 13 Septiembre 2013 12:09

eutanasia

La eutanasia es la acción o inacción hecha para evitar sufrimientos a personas próximas a su muerte, acelerándola ya sea a sabiendas de la persona o sin su aprobación. Se puede considerar también como el hecho de morir sin experimentar dolor.

La palabra deriva del griego εὐθανασία /euzanasía/, que significa ‘buen morir’: εὖ eu (‘bueno’) y θάνατος tánatos (‘muerte’).

La Asociación Médica Mundial (AMM) la define como “la realización en forma intencional y con conocimiento de un acto con la clara intención de poner término a la vida de otra persona […]”. 

A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la eutanasia como “darle muerte intencionalmente aquellos quienes han expresado el deseo competente y libre de ser asesinados”.

La eutanasia tiene por finalidad evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida de un enfermo. La eutanasia se puede realizar con o sin el consentimiento del enfermo.

Clasificaciones de eutanasia
En el medio hispanohablante se han introducido conceptos de la evaluación ética de la eutanasia y se la califica de directa o indirecta en cuanto existe o no la intención de provocar primariamente la muerte en las acciones que se realizan sobre el enfermo terminal. En el contexto anglosajón, se distingue entre la eutanasia como acción y la eutanasia como omisión (dejar morir). Su equivalente sería eutanasia activa y eutanasia pasiva, respectivamente. También se utilizan, en forma casi sinónima, las calificaciones de positiva y negativa respectivamente.

Sin embargo, la Organización Médica Colegial española y otras instituciones no aceptan la distinción terminológica entre «activa» y «pasiva», porque lleva a confusión. Consideran que la eutanasia es siempre deontológicamente condenable, y que es distinta del acto médico de suspender un tratamiento inútil.

  • Eutanasia directa: Adelantar la hora de la muerte en caso de una enfermedad incurable. Esta a su vez posee dos formas:
    • Activa: Consiste en provocar la muerte de modo directo. Puede recurrirse a fármacos que en sobredosis generan efectos mortíferos.
    • Pasiva: Se omite o se suspende el tratamiento de un proceso nosológico determinado (por ejemplo una bronconeumonía), o la alimentación por cualquier vía, con lo cual se precipita el término de la vida. Es una muerte por omisión.
      De acuerdo con Víctor Pérez Varela, «la eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la abstención terapéutica y la suspensión terapéutica. En el primer caso no se inicia el tratamiento y en el segundo se suspende el ya iniciado ya que se considera que más que prolongar el vivir, prolonga el morir».
      Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.
  • Eutanasia indirecta: es la que se verifica cuando se efectúan, con intención terapéutica, procedimientos que pueden producir la muerte como efecto secundario. Por ejemplo, la administración de analgésicos narcóticos para calmar los dolores. Los mismos, como efecto indirecto y no buscado, provocan disminución del estado de conciencia y posible abreviación del período de sobrevida. Aquí la intención, sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo otro es una consecuencia previsible pero no perseguida. Entra así en lo que desde Tomás de Aquinose llama un problema de doble efecto.

Otros conceptos relacionados

  • Suicidio asistido: Significa proporcionar en forma intencional y con conocimiento a una persona los medios o procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente, porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada. Cabe destacar, que en este caso es el paciente el que voluntaria y activamente termina con su vida, de allí el concepto de suicidio.
  • Cacotanasia: Es la eutanasia que se impone sin el consentimiento del afectado. La palabra apunta hacia una mala muerte (kakós: malo)
  • Ortotanasia: Consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida. Se ha sustituido en la terminología práctica por muerte digna, para centrar el concepto en la condición (dignidad) del enfermo terminal y no en la voluntad de morir.
  • Distanasia: Consiste en el «encarnizamiento o ensañamiento terapéutico», mediante el cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial, pese a que haya seguridad de que no hay opción alguna de recuperar la salud, con el fin de prolongar la vida del enfermo a toda costa, llegando a la muerte en condiciones inhumanas. Normalmente se hace según los deseos de otros (familiares, médicos) y no según el verdadero bien e interés del paciente.

Historia

La eutanasia no es algo nuevo: está ligada al desarrollo de la medicina moderna. El solo hecho de que el ser humano esté gravemente enfermo ha hecho que en distintas sociedades la cuestión quede planteada. La eutanasia es un problema persistente en la historia de la humanidad en el que se enfrentan ideologías diversas.

La eutanasia no planteaba problemas morales en la antigua Grecia: la concepción de la vida era diferente. Una mala vida no era digna de ser vivida y por tanto ni el eugenismo, ni la eutanasia suscitaban grandes discusiones. Hipócrates representó una notable excepción: prohibió a los médicos la eutanasia activa y la ayuda para cometer suicidio.

Durante la Edad Media se produjeron cambios frente a la muerte y al acto de morir. La eutanasia, el suicidio y el aborto bajo la óptica de creencias religiosas cristianas son considerados como «pecado», puesto que la persona no puede disponer libremente sobre la vida, que le fue dada por Dios. El arte de la muerte (ars moriendi), en la cristiandad medieval, es parte del arte de la vida (ars vivendi); el que entiende la vida, también debe conocer la muerte. La muerte repentina (mors repentina et improvisa), se consideraba como una muerte mala (mala mors). Se quiere estar plenamente consciente para despedirse de familiares y amigos y poder presentarse en el más allá con un claro conocimiento del fin de la vida.

La llegada de la modernidad rompe con el pensamiento medieval, la perspectiva cristiana deja de ser la única y se conocen y se discuten las ideas de la Antigüedad clásica. La salud puede ser alcanzada con el apoyo de la técnica, de las ciencias naturales y de la medicina.

Hay pensadores que justifican el término activo de la vida, condenado durante la Edad Media. El filósofo inglés Francis Bacon, en 1623, es el primero en retomar el antiguo nombre de eutanasia y diferencia dos tipos: la «eutanasia exterior» como término directo de la vida y la «eutanasia interior» como preparación espiritual para la muerte. Con esto, Bacon se refiere, por una parte, a la tradición del «arte de morir» como parte del «arte de vivir», pero agrega a esta tradición algo que para la Edad Media era una posibilidad inimaginable: la muerte de un enfermo ayudado por el médico. Tomás Moro, en la Utopía (1516), presenta una sociedad en la que los habitantes justifican el suicidio y también la eutanasia activa, sin usar este nombre.

Para Bacon, el deseo del enfermo es un requisito decisivo de la eutanasia activa; la eutanasia no puede tener lugar contra la voluntad del enfermo o sin aclaración:

Quien se ha convencido de esto, quien termina su vida, ya sea voluntariamente a través de la abstención de recibir alimentos o es puesto a dormir y encuentra salvación sin darse cuenta de la muerte. Contra su voluntad no se debe matar a nadie, se le debe prestar cuidados igual que a cualquier otro.

Francis Bacon

El darwinismo social y la eugenesia son temas que también comienzan a debatirse. En numerosos países europeos se fundan, a comienzos del siglo XX, sociedades para la eutanasia y se promulgan informes para una legalización de la eutanasia activa. En las discusiones toman parte médicos, abogados, filósofos y teólogos.

La escasez económica en tiempos de la primera guerra mundial sustenta la matanza de lisiados y enfermos mentales. La realidad de los programas de eutanasia ha estado en contraposición con los ideales con el que se defiende su implementación. Por ejemplo, los médicos durante el régimen nazi hacían propaganda en favor de la eutanasia con argumentos tales como la indignidad de ciertas vidas que por tanto eran, según aquella propaganda, merecedoras de compasión, para conseguir así una opinión pública favorable a la eliminación que se estaba haciendo de enfermos, considerados minusválidos y débiles (Aktion T-4) según criterios médicos. Por eso, ante la realidad de los crímenes médicos durante el régimen nazi, en los Juicios de Núremberg (1946 – 1947) se juzgó como criminal e inmoral toda forma de eutanasia activa y además se estableció de manera positiva, es decir expresamente, que es ilegal todo tipo de terapia y examen médico llevado a cabo sin aclaración y consentimiento o en contra de la voluntad de los pacientes afectados.

En el presente, se sustentan diferentes opiniones sobre la eutanasia y son variadas las prácticas médicas y las legalidades en los distintos países del mundo. En general en los hospitales, los profesionales de medicina paliativa, en residencias especializadas en el tratamiento de enfermos terminales (hospice en inglés), en los domicilios particulares, y también los grupos de autoayuda, trabajan por la humanización en el trato con los moribundos y quieren contribuir a superar la distancia entre la vida, la muerte y las prácticas médicas.

Estos son algunos de los hechos históricos que se producen en un ámbito fundamentalmente público. Poco investigadas y mucho menos conocidas son las diferentes prácticas reales de las personas frente al acto de morir. Se sabe que hasta fines del siglo XIX en América del Sur existía la persona del «despenador» o «despenadora», encargada de hacer morir a los moribundos desahuciados a petición de los parientes.

Sobre la dignidad de la vida humana

El concepto de «dignidad humana» se invoca, paradójicamente, tanto para defender la eutanasia como para rechazarla.

Así, para los defensores de la eutanasia, la dignidad humana del enfermo consistiría en el derecho a elegir libremente el momento de la propia muerte, evitando los que fueran de otra forma, inexorables dolores y situaciones que socavan la humanidad misma del enfermo.

Para sus detractores, el ser humano no posee dignidad, sino que es en sí mismo un ser digno, independientemente de las condiciones concretas en las que viva.

La muerte digna es la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. Es el respeto por la dignidad del ser humano hasta la hora de su muerte natural. Una muerte digna no consiste sólo en la ausencia de tribulaciones externas, sino que nace de la grandeza de ánimo de quien se enfrenta a ella. Morir con dignidad no significa elegir la muerte, sino contar con la ayuda necesaria para aceptarla cuando llega.

El dolor, actualmente, se puede controlar. Se disponen de medidas capaces para neutralizar el dolor.15 Según algunos autores, resultaría incongruente seguir abogando por la eutanasia y el suicidio asistido por motivos de compasión.

Argumentos a favor

Médicos

Desde siempre, los médicos han participado en la toma de decisiones sobre el fin de la vida y actualmente es común suspender o no instaurar tratamientos en determinados casos, aunque ello lleve a la muerte del paciente. Sin embargo, a veces los médicos deciden por su propia parte si el paciente debe morir o no y provocan su muerte, rápida y sin dolor. Es lo que se conoce como limitación del esfuerzo terapéutico, limitación de tratamientos o, simplemente, eutanasia agresiva. Normalmente la eutanasia se lleva a cabo con el conocimiento y anuencia de los familiares y/o curadores del paciente.

  • En medicina, el respeto a la autonomía de la persona y los derechos de los pacientes son cada vez más ponderados en la toma de decisiones médicas.
  • En sintonía con lo anterior, la introducción del consentimiento informado en la relación médico-paciente, y para éstas situaciones, la elaboración de un documento de voluntades anticipadas sería una buena manera de regular las actuaciones médicas frente a situaciones hipotéticas donde la persona pierda total —o parcialmente— su autonomía para decidir, en el momento, sobre las actuaciones médicas pertinentes a su estado de salud.

Jurídicos

 

  • La despenalización de la eutanasia no significa obligatoriedad absoluta. No se puede imponer el criterio de un conglomerado al ordenamiento jurídico de todo un territorio, por lo que el derecho debiera asegurar los mecanismos para regular el acceso a la eutanasia de los pacientes interesados que cumplan unos requisitos especificados legalmente; así como de la legalidad y transparencia de los procedimientos.
  • La sociedad moderna basa su ordenamiento jurídico en la protección de los derechos humanos. En este sentido, cada enfermo tiene derecho a decidir, informadamente, sobre los asuntos que pertenecen a una esfera tan privada como su cuerpo; y en virtud de esto, decidir cómo quiere seguir ―o no seguir― viviendo.

Argumentos en contra

Máquina utilizada para facilitar la eutanasia a enfermos terminales mediante el método de inyección letal. Fue utilizada por cuatro personas durante 1996 y 1997, período en el que fue de uso legal en Territorio del Norte (Australia). Se exhibe en un museo de Londres.

Los argumentos en contra inciden en la «inviolabilidad» de la vida humana, la defensa de su dignidad independientemente de las condiciones de vida o la voluntad del individuo implicado, y las repercusiones sociales de desconfianza que podría conllevar la eutanasia.

La Asociación Médica Mundial considera contrarios a la ética y condena tanto el suicidio con ayuda médica como la eutanasia. En cambio recomienda los cuidados paliativos.

La eutanasia, es decir, el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad.

Declaración sobre la Eutanasia adoptada por la 38.ª Asamblea Médica Mundial
Madrid (España), octubre de 1987

El Comité Permanente de Médicos Europeos anima a todos los médicos a no participar en la eutanasia, aunque sea legal en su país, o esté despenalizada en determinadas circunstancias.

La Organización Médica Colegial de España considera que «la petición individual de la eutanasia o el suicidio asistido deben ser considerados generalmente como una demanda de mayor atención pudiendo hacer que desaparezca esta petición aplicando los principios y la práctica de unos cuidados paliativos de calidad».

En el caso de los Países Bajos, uno de los primeros países en despenalizar al médico que practique la eutanasia, el estudio Remmelink reveló que en más de mil casos el médico admitió haber causado o acelerado la muerte del paciente sin que éste lo pidiera, por razones variadas, desde la imposibilidad de tratar el dolor, la falta de calidad de vida o por el hecho de que tardara en morir.

La postura de las iglesias cristianas en tanto, a nivel mundial, es mayoritariamente contraria a la eutanasia y al suicidio asistido: es el caso de la Iglesia Católica Romana y de las Iglesias evangélicas y pentecostales. La postura del anterior papa Benedicto XVI quedó explícitamente recogida en una carta (de 2004) a varios eclesiásticos estadounidenses:

No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.

Tercer punto de la carta de Joseph Ratzinger al cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de Washington DC.

Las iglesias luteranas y metodistas en cambio, como asimismo la mayoría de las afiliadas a la Comunión Anglicana se oponen en principio, pero dan espacio para la decisión individual caso a caso. Por otro lado, varias iglesias han optado por no pronunciarse a este respecto y enfatizar el valor de la conciencia individual en cuestiones éticas, es el caso de las iglesias católicas afiliadas a la Unión de Utrecht, y algunas Iglesias presbiterianas, entre otras.

Viernes, 13 Septiembre 2013 11:58

reflexiones sobre una muerte digna

01 JUN 12 | Por el Dr. Carlos Lovesio
Reflexiones sobre el tema de la muerte digna
Reflexiones de uno de los fundadores de la Terapia Intensiva en Argentina en torno a la muerte digna.

Dr. Carlos Lovesio
Diario La Capital, Rosario
 

En los últimos días, ha sido muy comentada la decisión parlamentaria referida a la aceptación de la limitación de las medidas diagnósticas y terapéuticas en pacientes que presenten una enfermedad “irreversible, incurable o que se encuentren en estado terminal”. 

Las definiciones precedentes están muy lejos de ser operativamente comprensibles. En efecto, algunos ejemplos servirán para aclarar conceptos. 

La insuficiencia cardíaca, con la cual conviven millones de individuos en el mundo, es una enfermedad en general “irreversible”; sólo es tratable. Si el paciente suspende su tratamiento, la enfermedad reaparece. Enfermedad “incurable”: gran número de pacientes con cáncer tienen una enfermedad incurable; lo que ocurre es que con el tratamiento adecuado se prolonga significativamente el tiempo de sobrevida. Algo similar ocurre con la insuficiencia renal en tratamiento dialítico, la hemofilia, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las demencias y muchas más. Por último, enfermedad “terminal”: el nacimiento lleva implícito una enfermedad “terminal” porque, hasta el momento, todo el que nace indefectiblemente muere... 

Definiciones como las expuestas, que provienen de la ley, son de muy difícil comprensión y aplicabilidad. Es obvia la escasa especificidad y claridad de las mismas, lo cual planteará, en no pocas oportunidades, disidencias en cuanto a su interpretación y consiguiente aplicación, entre el equipo médico y los familiares, e incluso entre estos entre sí. En tales circunstancias, es probable que el caso deba judicializarse, y ser un juez el que decida y por cierto más huérfano de conocimientos.

La complejidad del tema es tal, que desde hace tres años se encuentra trabajando un grupo de experto de 31 naciones, entre las cuales se encuentra la Argentina, en el llamado estudio Welpicus, destinado a establecer consenso sobre los límites de la asistencia médica al final de la vida en pacientes en Terapia Intensiva. Al momento actual, se han logrado sólo dos conclusiones: 1) Aunque existen marcadas diferencias entre los profesionales de la salud debido a aspectos culturales, religiosos, regionales y de entrenamiento, existe consenso para algunos de los aspectos relacionados con las prácticas del final de la vida; y 2) el estudio Welpicus intenta delinear dónde existe consenso y dónde no, analizando las razones para esta falta de consenso. 

Otro aspecto que se describe es evitar “medidas de soporte vital cuando sean  extraordinarias o desproporcionadas en relación a las perspectivas de sobrevida”. ¿Qué se entiende por ordinario y por extraordinario?. ¿Un medicamento de alto costo es ordinario y la opción de un respirador es extraordinaria?. ¿Es proporcionado utilizar terapia biológica en el tratamiento  de pacientes neoplásicos que ya han agotado todos los otros tratamientos, a un costo sideral para prolongar la vida semanas o meses?. ¿Quién decidirá en cada caso, con cada enfermo, qué es bueno y qué es malo?.

Otro aspecto: algunos legisladores han declarado que esto evitará el encarnizamiento terapéutico en el cual incurren algunos médicos a expensas de un alto costo económico y en otros evitará sufrimientos innecesarios.

En 40 años de trabajo en Terapia Intensiva, nunca negué a un paciente o a la familia la discusión de decisiones –coherentes-  sobre la eventual supresión o sustitución de determinados tratamientos. Por el contrario, a diario enfrentamos a familiares que exigen medidas no sólo “extraordinarias o desproporcionadas” sino simplemente absurdas, para asegurar, obviamente, una inasible inmortalidad del familiar enfermo.

Un hecho que no se ha contemplado es qué ocurre después de la suspensión de las medidas terapéuticas. Si bien el retiro de un respirador puede llevar a una muerte más o menos rápida, la suspensión de la hidratación y de la nutrición (contempladas por la ley y ya calificada por algunas instituciones como eutanasia pasiva) puede acompañarse de una lenta agonía de días o semanas. Esta situación, sin dudas, generará un alto grado de angustia y de demandas por parte de los familiares, y en algunos casos, a intentar revertir una decisión tomada por el paciente. No pocas veces se exigirán “otras medidas” que obviamente rozan peligrosamente el terreno de la eutanasia, las que tendrán que ser prudencialmente evaluadas por el profesional, para no perder el bill de indemnidad que otorga la ley, cuando se actúa dentro de su marco.

Por fin y quizás éste sea el aspecto más dificultoso de resolver; en la mayoría de los casos serán los familiares los que soliciten la aplicación de las medidas descriptas y no el propio paciente, que por su condición de enfermedad no está en condiciones de decidirlo. En tal caso, la pregunta inevitable es: ¿coincide la opinión de los familiares con la del paciente si estuviera en condiciones de decidir?. Un individuo que ha vivido con un modelo existencial determinado y que por alguna razón no puede tomar decisiones por sí mismo, ¿aceptaría que un familiar decida que viva indefinidamente en tal condición?. ¿O lo contrario?. En este terreno dado la variada casuística que se producirá, seguramente existen más preguntas que respuestas.

Las observaciones anteriores no pretender ir contra la ley, que puede admitirse como auspiciosa aproximación al tema, sino plantear las inconmensurables dificultades de su aplicabilidad, que podrán ser atenuadas con una reglamentación muy precisa, al punto que debería, cosa casi imposible, evaluar cada caso como una individualidad por la cantidad de facetas que posee.

Dr. Carlos Lovesio
Director del Depto de Medicina Intensiva Sanatorio Parque
DNI Nº 6.056.699

 

*El Dr. Carlos Lovesio, es reconocido por sus múltiples trabajos sobre la especialidad, particularmente el libro Medicina Intensiva, que a través de sus 6 ediciones se ha convertido en obra de consulta obligada. El Dr. Lovesio es Miembro de Honor de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidad de Cuidados Intensivos, y ha sido Presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva y del Círculo Médico de Rosario. 
 

Fuente: IntraMed.net

 

Viernes, 19 Abril 2013 12:19

Curiosidades

   

Tradicionalmente, al concepto de la muerte en las sociedades occidentales se le asignó un color oscuro, gris o negro; ahora gracias a nuevas sensibilidades sociales, parece que cada vez es más verde.
Cierta conciencia ecológica se está abriendo paso en la industria funeraria, y ya se habla de ecofunerales como un concepto bien definido que contempla unas características concretas en relación con los usos y objetos empleados en el ámbito funerario. Son alternativas ecológicas al tradicional entierro o incineración, que pretenden minimizar su impacto medioambiental con la utilización de nuevos materiales y procedimientos que alcanzan, desde el control de gases emitidos a la atmósfera por un crematorio, hasta la fabricación de urnas cinerarias biodegradables. De todo esto, detallamos aquí algunos ejemplos:
Cementerios fotovoltaicos:
El cementerio municipal de Santa Coloma de Gramanet, en Barcelona, fue el primero en dotarse de una instalación fotovoltaica sobre los tejados de los nichos. Objetivo: producir 124,5 megavatios hora (MWh) al año, energía equivalente al consumo anual de 37 hogares. En concreto, la «planta» que se instaló en su día, quedó configurada por 18 inversores de 5 kW de potencia nominal unitaria y 462 módulos fotovoltaicos de 222 Wp de potencia lo que permite reducir 33,62 toneladas de dióxido de carbono al año y reducir considerablemente la factura eléctrica del cementerio.
 
Vehículos fúnebres eléctricos:
El Tanatorio de Alcoy (Alicante) fue el primero en contar con un vehículo fúnebre eléctrico. Lo mejor del modelo «Compacto Ion» es su precio. Este vehículo de la firma Bergadana cuesta unos 20.000 € menos que los de gasolina o diesel. En concreto, mientras el precio medio de un vehículo fúnebre convencional ronda los 60.000 o 65.000 €, este modelo eléctrico se vende por unos 40.000 € aproximadamente. Ahora bien, al contar sólo con 45 kilómetros de autonomía y sólo poder ir legalmente a 40 kilómetros por hora, únicamente sirve para realizar trayectos urbanos. De modo que no se puede utilizar para el transporte de difuntos de una región a otra.
Urnas biodegradables:
Si el difunto o sus familiares prefieren la incineración, también hay en el mercado urnas cinerarias biodegradables. La oferta es grande pero la última tendencia son las urnas compuestas de arcilla y cubiertas con gelatina de pez, que en contacto con agua o humedad se biodegradan en poco tiempo. El precio, aunque puede variar, es bastante similar al de las urnas convencionales. Una urna normal metálica cuesta, más o menos 60 € y la biodegradable 70 €.
Féretros certificados en gestión forestal sostenible:
Los féretros de madera certificada en gestión forestal sostenible (FSC) están dotados de tres capas o módulos que impiden la emisión de fluidos; durante la velación se retira un tercio del mismo, lo que permite a los familiares tener mejor visión al encontrarse en una posición más baja, y para la incineración se eliminan las dos primeras bases y se incinera al difunto con un tercio del féretro. Además, utilizan únicamente madera con terminación ecológica, como barnices al agua, sin herrajes metálicos y tapizados en algodón. El inconveniente de esta alternativa puede ser el precio. Mientras el coste de un féretro (modelo básico) puede rondar, más o menos los 900 €, el ataúd más barato de FSC se eleva a 1.200 €.
Trajes funerarios sin poliéster:
Los trajes funerarios ecológicos no contienen poliéster, son de algodón natural ecológico, cuentan con botones de madera, y al no venir cerrados, permiten que no sólo sea más fácil vestir al difunto, sino que se consuma menos tejido. Este artículo es aún muy novedoso, pero su precio puede situarse entre 150 y 180 €.
Sudarios con menos dioxinas:
En lugar de los tradicionales sudarios de materiales acrílicos, o mezcla de éstos y fibras naturales, la alternativa ecológica son los nuevos sudarios de poliamida. Este material permite reducir en gran parte, aunque no anular totalmente, la emisión de dioxinas.
Velas solares:
Las lámparas de led con célula solar para nichos y tumbas, permiten mantener encendidas las velas durante un período muy prolongado sin necesidad de conexión a la red eléctrica. Esta luz led, de gran durabilidad no se consume y apenas produce calor. Para ello cuenta con una batería que se recarga automáticamente mientras haya luz solar. En la actualidad ya hay muchos modelos en el mercado por lo que su coste se ha reducido bastante y resultan realmente económicas en relación con su rendimiento.
Modelos diseñados por Antonio Miró
El 37% de la población será mayor de 64 años en 2052
La proyección demográfica realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirma el continuo proceso de envejecimiento al que se enfrenta la estructura demográfica en España, que se ve acelerado por el descenso de la natalidad y los saldos migratorios negativos. Los mayores crecimientos de población se concentrarían en las edades avanzadas y, en 2052, el grupo de edad de mayores de 64 años se incrementaría en 7,2 millones de personas (un 89%) y pasaría a constituir el 37% de la población total de España.
Por el contrario, España perdería 9,9 millones de personas de edades comprendidas entre 16 a 64 años (un 32%) y casi dos millones en el grupo de población de 0 a 15 años (un 26%).
Con todo ello, si las tendencias y comportamientos demográficos actuales se mantuvieran en un futuro, en 2022 la tasa de dependencia se elevaría hasta el 58%. “Es decir, por cada 10 personas en edad de trabajar, en 2022 habría en España casi seis potencialmente inactivas (menor de 16 años o mayor de 64)”, detalla el INE. En 40 años, dicha tasa de dependencia se elevaría al 99%, lo que quiere decir que por cada persona en edad de trabajar prácticamente habría otra que no estaría en edad de hacerlo.
 

 

Modificado por última vez en Viernes, 19 Abril 2013 12:27
Domingo, 23 Septiembre 2012 15:44

nuevas tendencias

 

Se presentaron en París las nuevas tendencias funerarias: ataúdes artísticos, ecológicos y personalizados

El Salón de la Muerte de París abrió sus puertas para dar a conocer las últimas tendencias del sector funerario, desde la gestión de los decesos en las redes sociales hasta los ataúdes ecológicos personalizados. La singular muestra se realiza en la galerías comerciales debajo del Museo de Louvre, y sus organizadores esperan que pasen unos 25.000 visitantes a conocer las propuestas de los expositores que han hecho de la muerte una forma de vida.
Entre ellos hay quienes aportan una pincelada artística o quienes se aproximan a la muerte desde la gastronomía, la ecología o las nuevas tecnologías. Este último es el caso de Stépahanie Belland, fundadora de “2Day4Ever”, quien creó una página web que permite generar lo que llama ‘red-gramas’, mensajes digitales que contienen imágenes, vídeos, texto y sonido y que se pueden enviar tanto ahora como en cualquier momento hasta dentro de 99 años, incluido el período postmortem.

Fuente: EFE

Modificado por última vez en Domingo, 23 Septiembre 2012 08:16